La relojería suiza se inquieta por el auge del smartwatch

Blog Lunes, 28 Septiembre 2015 15:04 45451
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Los ejecutivos de la relojería suiza de alta gama deben mirar su reloj con cierto nerviosismo estos días. Un reciente estudio de la consultora Deloitte ha observado que el 41% de los empresarios helvéticos tiene una visión negativa sobre las perspectivas de negocio de los próximos doce meses. Es la primera vez que la negatividad se impone al optimismo, desde que esta firma de investigación iniciara las mediciones en 2012. “La industria relojera suiza está en un momento de inflexión”, dijo Deloitte.
Dos nubes se perfilan en el horizonte: la fortaleza del franco suizo, que penaliza las exportaciones del sector y el auge creciente de los relojes inteligentes o ‘smartwatches’, percibidos cada vez más como una amenaza. A estos dos riesgos, habría también que añadir un tercero: la debilidad de la economía china. Desde que el gobierno de Pekín quiso poner freno a las prácticas de corrupción, los obsequios de relojes de alta gama han registrado un considerable descenso.
La alta relojería helvética y los relojes inteligentes aparentemente juegan en dos ligas diferentes. Pero en la práctica, no es del todo así. Desde la llegada del célebre Apple Watch el pasado mes de junio, la industria suiza se ha puesto las pilas. Montblanc ha lanzado por ejemplo un “e-Strap”, una correa electrónica que proporciona e información complementaria. Swatch y Mondaine, a su vez, anunciaron dispositivos inteligentes. En el otro frente, Apple ha empezado a introducir toque de lujos a su producto, como las correas de Hermès.
Una encuesta llevada a cabo por la firma Research Now mostró que más del 60% de los consumidores chinos planea comprar un reloj inteligente el año próximo. Lo mismo piensan hacer el 48% de los italianos, el 35% de los franceses, mientras que en el caso de los suizos el porcentaje bajaba al 17%. Karine Szegedi, analista del sector de Deloitte, señala como “la proporción de personas que tienen intención de comprar un smartwatch es superior a la de los que aspiran a comprarse un reloj clásico. Pese a ello, las marcas suizas tienen potencial para ofrecer relojes inteligentes con estándares de calidad más elevados y con una vida más larga de las baterías y esto podría ser una estrategia competitiva”.
Para ser honestos, del estudio de Deloitte se desprende que el número de ejecutivos que considera el reloj tecnológico como una amenaza es todavía pequeño: un 25%. Uno de cada cuatro. Pero es una minoría que crece, ya que el año pasado apenas eran el 11% del total. Y el 39% en todo caso reconoce que tras la llegada del Apple Watch “son más conscientes del desafío que representa este tipo de producto para sus negocios”. En lo que va de año, las acciones de Richemont se han depreciado más del 15% mientras que las de Swatch más del 10%. ¿Son reales estos temores?
Las exportaciones de relojes suizos alcanzaron los 19.000 millones de euros en 2014. Y la facturación alcanza los 21.000 millones, es decir una cifra que representa las inversiones en investigación y desarrollo de Apple, Samsung y Google juntas. Si estas firmas tecnológicas decidieran entrar con fuerza en el sector, dispondrían de grandes recursos contra los cuales la industria helvética poco podría hacer.
“No creo que sufra realmente la alta gama de relojería. La mediana y baja tal vez. Los datos que manejamos nos dicen que el único problema que tenemos es conseguir cumplir con los pedidos”, dicen fuentes del sector en Milán. El precio medio de un reloj suizo se ha prácticamente triplicado desde el 2000. Ha pasado de los 283 euros a los 668 euros. Precios que, en teoría, están por muy encima de los relojes inteligentes.
Juan Carlos Torres, consejero delegado del grupo Richemont en una entrevista publicada en la prestigiosa revista Galileus de este mes consideraba que “los smartwatch actuales no sirven prácticamente de nada. Cuando se podrá llamar desde la muñeca, entonces el competidor será real”. En su opinión, más que una batalla del sector, el mercado está viviendo un choque generacional. “La oportunidad consiste en hacer que lo más jóvenes vuelvan a llevar un reloj. Quién quiere adquirir un cronógrafo mecánico no quiere sustituirlo con un dispositivo electrónico. En este sentido, creo que en el futuro habrá espacio para ambos productos. Tal vez cada uno en una muñeca”.
Franco Cologni, uno de los máximos expertos de esta industria, antiguo ejecutivo en Cartier y Richemont, este año en ocasión del Salón Internacional de la Relojería en una entrevista al diario suizo Le Temps se mostraba bastante escéptico sobre el reloj de última generación. “¿Por qué añadir un montón de complicaciones para clientes que no las entienden? ¿Sólo es para presumir delante de sus amigos que uno tiene el reloj más complicado del mundo?”, se preguntaba. Al final Cologni cree que en el sector habrá sitio para todos. “Es como el cuento de león y del cocodrilo que quedan para beber de una misma fuente. Se miran con agresividad y recelo. Pero, una vez calmada la sed, cada uno se va por su lado”.

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